lunes, 1 de abril de 2013

el último cajón

Hoy estaba en la casa de papá, buscando algo que él quería mostrarme (unas minas de lápiz que quiere que le consiga). Entonces abrió el ultimo cajón de su escritorio, ese cajón en el que guarda los lápices, lapiceras, biromes, marcadores de puntas finas y gruesos, gomas, ganchitos etc.. Todo eso que hoy me deslumbra y en lo que podría gastar fortunas, aunque mi sentido de la ubicación reprime con suerte. Ahí recordé que ese cajón era mágico cuando era chica. Sigue casi intacto porque papá es de esas personas que hacen durar todo mucho tiempo y el orden siempre es el mismo. Obviamente, algunos marcadores se secaron y pasaron a mejor vida y fueron renovados. Me acorde como me gustaba abrir ese cajón, buscar entre sus cajitas, sacar las lapiceras una por una y probarlas todas, lo mismo con los marcadores. Tenía que tener mucho cuidado porque él me había dicho que eran cosas caras, que no se conseguían en todos lados (cuando era chica era todo importado y no era barato). Recordé la sensación de felicidad que tenia al abrirlo a escondidas para (con mucho cuidado) reconocer cada una de las piezas y descubrir otras nuevas. Ese cajón fue y será siempre el cajón mágico.  

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